Los Principios de Acción Válida
 

1º El principio de adaptación

Principio 1

2º El Principio de acción y reacción

Principio 2

3º El Principio de la acción oportuna

Principio 3

4º El Principio de proporción

Principio 4

5º El Principio de conformidad

Principio 5

6º El Principio del placer

Principio 6

7º El Principio de la acción inmediata

Principio 7

8º El Principio de la acción comprendida

Principio 8

9º El Principio de libertad

Principio 9

10º El Principio de solidaridad

Principio 10

11º El Principio de negación de los opuestos

Principio 11

12º El Principio de acumulación de las acciones

Principio 12

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 Principio 4   4º El Principio de proporción

Las cosas están bien cuando marchan en conjunto, no aisladamente

 
Esto quiere decir, que si impulsados por un objetivo, desacomodamos toda nuestra vida, el logro del resultado buscado se vera sometido a numerosos accidentes y aún, si efectivamente se consigue, tendrá amargas consecuencias. Si, para obtener dinero o prestigio, desacomodamos nuestra salud, sacrificamos nuestra gente querida, nos despreocupamos de otros valores, etc., es posible que surjan tales accidentes, que no logremos el resultado buscado. En otros casos, puede ser que lo obtengamos pero ya no habrá salud para disfrutarlo, ni seres queridos con quienes compartir, ni otros valores que nos den sentido.

"Las cosas están bien cuando marchan en conjunto" y esto es así, porque nuestra vida es un conjunto que requiere equilibrio y desarrollo adecuado, no parcial. Si bien hay cosas mas importantes que otras, cada persona debería tener una verdadera escala de valores para que lo primario, lo secundario, lo terciario, pudieran cumplirse proporcionalmente. Con la fuerza que debe aplicarse a cada cosa de acuerdo a la importancia fijada, todas marcharían en verdadero conjunto.

Ilustremos lo explicado con una leyenda en la que las acciones desproporcionadas producen efectos desastrosos:

Cuatro magos vivían en amistad. Tres de ellos alcanzaron una gran instrucción pero carecían de juicio. El otro aborrecía la instrucción, pero su razonamiento era excelente. Uno de los magos dijo:" De que vale el juicio sin instrucción? Podrá saberse que es bueno y que es malo, pero no cómo hacer una cosa u otra".

Para ilustrar lo dicho, el menor de ellos comentó:

"Mañana debemos estar en Persépolis pero hay hasta allá una gran distancia, de manera que en un día nuestros camellos no podrán recorrerla, pero con nuestra instrucción podremos hacerlo".

Entonces, le pidieron al juicioso que acercara uno de los camellos y así uno estiró sus piernas hasta la altura de una casa del silencio, el otro amplió sus lomos de manera que los cuatro cupieran en otras tantas jorobas y el restante mago se preocupó de darle al animal, un cuello tan largo que pudiera divisar a la distancia cualquier punto de interés.

A la mañana siguiente, montaron solo tres, porque el mago juicioso dijo: "Mejor tres que cuatro cuando los problemas se suman".

Y los tres magos montaron riendo del temeroso. La carrera comenzó a gran velocidad, pero al poco tiempo, no hubo agua que pudiera colmar la sed de semejante animal. Para colmo las fuertes areniscas daban en la cabeza altísima del enorme monstruo, de tal manera que en lugar de erguirla colocarla como serpiente que va veloz tras su presa.

Así, debilitado el camello y desequilibrado por la anormal postura de su cuello, terminó cayendo como una torre a la que le fallan los cimientos.

Triste fue el regreso de los magos, pero afortunadamente, el juicioso los esperaba para reconfortarlos.

Sea como fuere, no llegaron a tiempo al lugar propuesto y perdieron sus negocios.

Otro día, los cuatro encontraron un animal muerto y queriendo probar al juicioso, el valor de la instrucción, dijeron: "Ea, hagamos algo por este pobre león muerto. Pero ahora pongámonos los tres de acuerdo a fin de que todas las partes coincidan bien y en un conjunto razonable, porque aquel asunto del camello fue habilidad de cada uno, pero no de los tres".

El primero, entonces dijo:

-  Yo se como unir el esqueleto.

El segundo dijo:

-Yo puedo suministrar piel, carne y sangre.

El tercero dijo:

-  Yo puedo darle vida.

De este modo, el primero juntó el esqueleto, el segundo proporcionó piel, carne y sangre. Y mientras el tercero intentaba darle vida, el mago de juicio aconsejó contra esto, observando:

-  Este es un león. Si tu le das vida, matara a cada uno de nosotros.

-  Simplón! - dijo el otro -, yo seré el que reduzca tu buen juicio a nada.

-  En este caso - fue la contestación - espera un momento, mientras yo me trepo a este árbol conveniente.

Cuando hubo hecho esto, aquel dio vida al león, y este se levantó y mató a los tres y luego que el león se hubo retirado, el mago juicioso bajó del árbol y se fue a su casa.
 
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