Los Principios de Acción Válida
 

1º El principio de adaptación

Principio 1

2º El Principio de acción y reacción

Principio 2

3º El Principio de la acción oportuna

Principio 3

4º El Principio de proporción

Principio 4

5º El Principio de conformidad

Principio 5

6º El Principio del placer

Principio 6

7º El Principio de la acción inmediata

Principio 7

8º El Principio de la acción comprendida

Principio 8

9º El Principio de libertad

Principio 9

10º El Principio de solidaridad

Principio 10

11º El Principio de negación de los opuestos

Principio 11

12º El Principio de acumulación de las acciones

Principio 12

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Principio 88º El Principio de la acción comprendida

Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raiz, no cuando quieras resolverlos.

Este Principio invita a evitar la improvisación movida por impulsos irracionales. No dice que no haya que hacer algo, dado un problema, sino que simultáneamente al hacer, debe comprenderse. Casi todas las personas, frente a un conflicto y movidas por su ansiedad, se lanzan a solucionarlo sin comprenderlo en su raíz. De esa manera, se complica aún más el problema y éste motiva a otro, en una cadena inagotable.

Examinemos un ejemplo a modo de leyenda:

Un joven pastor, a causa de su manta pasaba mal las noches de frío. No por que aquélla estuviera mal tejida o fuera de pobre calidad.

El pastor solía hablarse de ese modo: “Desde pequeño esta manta me protegió de vientos, heladas y nieves, pero ahora el frío pasa a través de ella. Sin duda que con el uso se ha rasgado aquí y allá. Si me ha servido cuando niño, debe servir también ahora; basta hacer algunos remiendos adecuados”.

Así, puso manos a la obra y la dejo nuevamente en buenas condiciones.

Al llegar la noche, notó que sus pies quedaban descubiertos y a punto de congelarse. Entonces, tomó la frazada y la corrió hacia abajo dejando al descubierto buena parte de su pecho, porque la mata era demasiado corta.

De ese modo pasó la noche: cubriendo abajo descubría arriba y a la inversa.

A la noche siguiente, reflexionó de este modo: “Si esta manta me acompañó en la niñez y entonces sirvió bien de protección, también ahora deberá servir, porque está como nueva luego del arreglo. Tendré que encogerme bien al dormir, ya que según parece he crecido demasiado.

Y el otro amanecer encontró al joven insomne y con todo el cuerpo dolorido, tal había sido su molesto encogimiento.

Entonces decidió: “Ni la manta creció en todo este tiempo, ni yo puedo achicarme para que sigamos juntos”.

 
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el capítulo VII
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